18/3/08
Juan José Millás - Visión del ahogado
11/3/08
La pintura del silencio

"Cada cien pasos una torre cortaba el aire; para los ojos el color era idéntico, pero la primera de todas era amarilla y la última escarlata, tan delicadas eran las gradaciones y tan larga la serie." (Borges, El Palacio del Rey)
Angelico podría haber pintado esas torres.

9/3/08
Luca Giordano en el Casón del Buen Retiro
Aprovechando mi privilegiada posición laboral no podía dejar pasar la oportunidad de comentar someramente las impresiones que me ha provocado esta importante exposición organizada con motivo de la finalización de las obras del Casón. Posiblemente aporte en un futuro alguna entrega más tratando diversos aspectos y particularidades de algunas obras. Asimismo, espero no desatinar en exceso, pues como bien sabéis, estos siglos XVII y XVIII guardan aún numerosos misterios para mí.
La visita comienza con una presentación de los dos principales protagonistas de la exposición: Luca Giordano y Carlos II. El pintor es representado en un elegante autorretrato que transmite una sensación de orgullo y suficiencia que casi ofende al que lo contempla. La figura se enmarca en un óvalo y se pueden observar los atributos del pintor enalteciendo su labor. Frente a él, y siguiendo un formato similar, Carlos II con armadura. A su lado, la curiosa extracción de una parte de un muro del palacio en el que figura un retrato al fresco de Carlos II.
La siguiente sala nos introduce en el contexto histórico del casón mediante algunas representaciones del mismo y de algunos proyectos de restauración. La sala se completa con dibujos preparatorios de musas, alegorías, etc., además de interesantes estampas que reproducen los frescos que decoraban los espacios entre las ventanas superiores y que representaban los 12 trabajos de Heracles. Tales frescos desaparecieron tras diversos avatares.
La siguiente estancia muestra varios lienzos de formato dispar en los que demuestra su destreza con las composiciones de múltiples personajes y su conocimiento de las figuras alegóricas basándose en la Iconología de Cesare Ripa, como es el caso de Messina restituída a España, o dominio de temas históricos tanto del Antiguo Testamento(Degollación de los Inocentes) como profanos (Turno vencido por Eneas).
Una pequeña sala de transición guarda algunos cuadros de pequeño formato. Excepto dos retratos el resto son bocetos para diferentes decoraciones murales. Merece la pena mencionar las tres composiciones pertenecientes al ciclo de la Batalla de San Quintín, apuntando gran habilidad para pintar escenas de batallas.
La siguiente estancia trata el polémico asunto de la gran capacidad de Giordano como imitador de otros artistas, práctica habitual den pintores noveles, siempre que estos no lleguen al extremo de copiar hasta la firma del pintor imitado, como así hizo Giordano en algunas ocasiones, lo que le ha acarreado una adversa fortuna crítica durante mucho tiempo. Así, nos encontramos con varias obras de su mano ubicadas junto a originales de los pintores a los que imita.
Destaca la Sagrada Familia de Rafael, de un colorido tan suave y una dulzura tan extraordinaria que simplemente por ella merece la pena visitar la exposición. En la misma sala sorprende la baja calidad de alguna obra de Giordano, asunto este que trataré en otra ocasión.
La última estancia previa al Salón de Embajadores contiene algunos lienzos de diferente formato. Dos de ellos son composiciones verticales de tema mitológico que sobresalen por la excelente solución que da creando espacios entre los distintos planos evitando que se ahoguen entre ellos.
El salón central exhibe la bóveda con la magnífica
Apoteosis de la Monarquía Española, uno de sus grandes 5 murales al servicio de Carlos II. Sería demasiado extenso entrar en detalles iconográficos y compositivos, por lo que sólo diré que salvo algún pequeño defecto en cuanto a perspectiva, ésta obra encumbra a Luca Giordano como principal decorador de finales del XVII. Para una mejor comprensión del conjunto, sobre una mesa se expone un esquema explicativo de los temas representados.
Bajo ella se disponen varios cuadros históricos (algunas batallas ensalzando a la monarquía española encarnada en la figura de Fernando el Católico) y bíblicos, pero sin duda el más curioso es Rubens pintando la alegoría de la Paz. Una composición en la que Afrodita rechaza a Ares, Dios de la guerra, mientras en Furor se retuerce para liberarse de las cadenas de le atan ante los cañonazos que anuncian el inicio de la guerra. Todo ello en presencia del mismo Rubens que observa al espectador. No deja de sorprender la adopción del estilo del flamenco por parte del napolitano, tanto en anatomías y vestimentas como en la gama cromática, que se encamina directamente al barroco flamenco de Van Dick o Frans Hals.
Como colofón, al final del recorrido se expone un breve pero interesante reportaje fotográfico sobre el Casón y sus distintas vicisitudes históricas. En mi opinión, gran idea en cuanto al aporte de cierto sentido educativo de la exposición.
En definitiva, un buen plan vespertino para ser comentado a posteriori en alguna de las tabernas cercanas.
8/3/08
ENRIQUE VIII Y ANA BOLENA.
No sé si sabeis quién fue Ana Bolena, interpretada por Natalie, o Enrique VIII, interpretado por Eric Bana. Yo, por mi parte, acudí a la sesión de noche sin saber muy bien quiénes eran estos personajes históricos. Y mi curiosidad, si bien no quedó satisfecha, sí fue estimulada.
Resulta que, entre lo que vi en la película y lo que leí después, me enteré que Enrique VIII, a quien al menos tres de los componentes de esta Logia estaréis hartos de mirar a los ojos, fue rey de Inglaterra entre 1509 y 1547. Se casó hasta seis veces, pero en la película lo que se recoge es el fin de su matrimonio con Catalina de Aragón (fruto de la política matrimonial de los Reyes Católicos), que fue incapaz de darle un varón.

También se reflejan los amoríos con María Bolena, a quien en la película ponen de inocente sufridora de los ambiciosos planes paternos por conseguir poder dentro de la corte. Otras fuentes hablan de la facilidad sentimental de la menor de las Bolena, que necesitaba pocos alicientes para remangarse las faldas.
Pero la trama central es la tormentosa relación entre Enrique VIII y Ana Bolena, que por su aspecto menudo siempre pasó por ser la menor de las hermanas, cuando realmente no era así. Ana Bolena heredó la ambición de su padre, un importante diplomático inglés, e hizo todo lo posible por hacerse un hueco importante en la corte.

Empezó entrando como ayudante de cámara de Catalina de Aragón, y utilizó todas las artes aprendidas en la corte francesa, en la que había permanecido con anterioridad durante dos años, para atraer la atención de un rey predispuesto a encontrar otra flor capaz de otorgar un heredero al trono inglés, en vista de la incapacidad de la hija de Isabel la Católica, empeñada en engendrar niñas y más niñas.
Cuentan de Ana que
Personalmente, dudo que un rey tan capacitado para hacer y deshacer tratos con Francia y España se dejara llevar sólo por la pasión. Probablemente aprovechó los problemas con Catalina para deshacerse del favor católico, y así erigirse como Cabeza Visible del Protestantismo, aprovechando por otro lado para hacerse con el favor (y los favores) de la nueva Reina Consorte, Ana Bolena. Tal era el hechizo que la pequeña morenita ejercía sobre el rey, que empezaron a extenderse entre los cortesanos rumores y acusaciones de brujería hacia Ana; uno de ellos, nunca demostrado, fue que tenía seis dedos, por entonces un claro síntoma de brujería.
Finalmente, y a pesar haber sido considerada por muchos la reina consorte más importante que ha tenido Inglaterra, Ana Bolena murió ejecutada, bajo acusación de adulterio, traición e incesto. En la película explican esta acusación, haciendo ver que la joven estaba tan obsesionada como incapacitada para dar a Enrique un varón vivo (parece ser que tuvo varios abortos). Buscó desesperadamente un varón, hasta el punto (siempre según la película) de pedirle un favor sexual a su propio hermano, que también fue condenado y ejecutado.
A pesar de su gran valor como reina consorte (fue uno de los motivos de la implantación del protestantismo, y engendró a Isabel I), fue ejecutada a la francesa: ni hacha, ni poyete. De rodillas, de cara al público, y con un cuello cercenado por una larga espada.
Espero que estos breves, deslabazados y no muy fidedignos apuntes sobre la Historia de Inglaterra os hayan servido para poder ver con otros ojos el cuadro de Holbein...
7/3/08
Visionarios
Durante la segunda mitad del siglo XX ha habido un sin fin de revisiones historiográficas acerca de la arquitectura del XIX. Hasta hace poco despreciado y tomado como un siglo marginal en la historia del arte, parece cobrar ahora cierto calibre y peso gracias a los últimos estudios de grandes críticos como Benévolo, Frampton, Bruno Zevi, Peter Collins, Joseph Rykwert, Middleton, Watkin, etc. La sombra de Giedion es alargada y renace su visión histórica.
Una vez que se acepta a mediados del XVIII la superación de los lenguajes clásicos mediante las novedosas propuestas y puntos de vista de teóricos de la arquitectura como el abad Laugier, Francesco Milizia, Lecamus de Mezières o Algarotti, era el momento de poner en práctica una articulación novedosa y acorde a la época de estos nuevos principios planteados. Los herederos directos serán los franceses Ledoux, Boullée o Durand. Emil Kauffmann es el primero que considera a estos arquitectos como "revolucionarios". El apelativo es muy acertado pues gran parte de su obra se desarrolló durante los años de la convulsa Francia finisecular y comienzos del Imperio napoleónico. A esto se sumaban una serie de parámetros anticlásicos en sus proyectos que confirmaban la completa ruptura con la triada vitruviana (firmitas, utilitas, venustas) vigente hasta entonces.
Desde mi humilde opinión, fue Ettiéne Louis Boullée el principal exponente de esta revolucionaria arquitectura. Sus proyectos no pudieron llevarse a cabo debido al alto coste y grandilocuencia de las que se tachó como obras "visionarias". Aceptadas la firmitas y utilitas vitruvianas, será en la categoría de la belleza donde se ejemplifique de manera arrolladora las teorías de Boullée. Sus edificios eran desmesurados, sólidos, casi infinitos, sobrehumanos, que plasmaban sobre plano los principios arquitectónicos de las teorías de la percepción como base para imprimir "carácter" a la Arquitectura. La idea compartida por estos arquitectos parecía sostenerse en la intención de emocionar el alma del espectador partiendo de composiciones formales consideradas perfectas: el cuadrado y el la esfera.
No tuvieron éxito estas propuestas tan radicales durante el XIX. Ya en el XX, el Movimiento Moderno fijará sus ojos en estas propuestas adaptando y refundando los principios del más "humano" de estos revolucionarios: Durand.
5/3/08
Generaciones olvidadas
Fue una época de revisiones a todos los niveles, a su vez que convulsa por los diversos vaivenes políticos que iban sucediéndose. Cuando se logró una cierta estabilidad política con la regente Isabel II se pusieron en marcha las Exposiciones Nacionales, que a semejanza de las parisinas, encumbraron a los más prestigiosos artistas del momento. Una bella iniciativa, que fomentaba la producción artística e inauguraba un nuevo periodo hasta los albores del inicio del siglo XX, y que servía para decorar los nuevos edificios relacionados con el poder y mandato, acorde con el tamaño de los cuadros, como ayuntamientos o palacios como el Senado, Congreso de los Diputados o Consejo de Estado, antiguo palacio de los Duques de Uceda.
La vida de los artistas era pareja, muchos de ellos eran provincianos que buscaron su gloria y fortuna en Madrid. Comenzaban sus estudios de dibujo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta que esperaban la publicación de oposiciones en diarios de tirada nacional como “La Gaceta” o “El Imparcial”. Del triunfo en estas dependía su marcha a centros extranjeros, como París o Roma, que bullían en tendencias artísticas, y desde donde deberían mandar, los elegidos, algún que otro envío de pensionado, basado en el aprendizaje clásico de las formas y congruentes anatomías. Famosas son las tertulias en el romano Café Greco, cerca de Plaza España, de Casado del Alisal, Gisbert, Pradilla, Rosales…
su hijo Fernando IV, en una magnífica composición que vemos en la imagen, que se salvó de los disparos de Tejero, no se puede decir lo mismo de los frescos de la cubierta de Carlos Luís de Ribera.
