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25/6/08

Los bordados de Navalcán

En la provincia de Toledo, muy cerca de Ávila; nos encontramos con Navalcán, un lugar privilegiado en el entorno de la Sierra de Gredos que debe su fama a la pervivencia de la antiquísima tradición de las manufacturas textiles, transmitidas de generación en generación. El término "Navalcán" parece ser un compuesto de las palabras “Nava del Can”. “Nava” se refiere a una llanura entre cerros y “Can”, proviene de la derivación del latín “canem”, que significa can o perro. Una región que cuenta también con otros centros de bordados importantes como Oropesa y Lagartera, que a veces han ensombrecido la fama del tejido navalqueño, del cual daremos unas pequeñas notas.

Navalcán es el único lugar, donde se hacía y se continúa elaborando un tipo de bordado de dibujos muy complejos y con una ejecución perfecta que da lugar a tejidos de doble cara, una en positivo y otra en negativo. Este bordado se llama tejidillo o colchado. Consiste en pasar la hebra de arriba abajo y, saltando un hilo, de abajo arriba, haciendo puntadas más o menos largas según lo indique el dibujo que ha de estar hecho sobre papel milimetrado. La dificultad de este tipo de bordado es la atención que hay que mantener para seguir el dibujo. Cuando uno se equivoca no hay más remedio que deshacer. También hay que cuidar el remate y el comienzo de las hebras, que deben quedar completamente ocultas si se quiere que el bordado quede con doble cara. Los dibujos son siempre geométricos, formando cenefas sobre tela de lino y sin esquinas siguiendo esquemas geométricos como meandros o rombos, que entroncan con la tradición de países del Norte de África y orientales como Israel o Persia.

Esta noble labor se ha ejecutado habitualmente en la producción de ropa interior, camisas, camisones y las famosas “gorgueras” bordadas en negro. En tiempos más antiguos adornaban las pecheras, escotes, mangas de camisa y camisones, tanto de hombre como de mujer; colchas de cama, manteles y sábanas. Un uso muy específico del propio pueblo de Navalcán eran los paños de entrevelas, que se usaban en los funerales para cubrir la mesa donde se ponían las velas para el difunto. Los eruditos en la materia sostienen que son labores absolutamente autóctonas y remontan sus inicios al siglo III a.C. Tradicionalmente se hacían sobre lino con hilo de lana, especulándose con la influencia sobre los bordados incas que habrían llevado los navalqueños que pasaron a América en la conquista.

Fueron los moriscos los que nos dejaron el arte insuperable de estos bordados convirtiendo de este modo a Navalcán en una de las cunas del tejido español. Un arte que durante siglos han practicado las mujeres navalqueñas con exquisito primor y considerado como el estilo más antiguo de bordado que hoy existe en España. Y está demostrado: examinada la tumba de la reina Doña Berenguela de Castilla, que fue enterrada en el s.XIII, se descubrieron unos fragmentos de telas bordadas con el mismo punto y técnica que hoy llamamos “tejidillo de Navalcán”.

29/5/08

"Venecia, Tintoretto" Jean-Paul Sartre

Sartre nos propone en este ensayo un viaje por su particular Venecia a través de la figura de Tintoretto, un pintor fiel a la ciudad lacustre, donde residió durante 75 años en los cuales supo ganarse el prestigio de patronos y Scuolas, dejando muestra de tal favor en San Rocco o en la Iglesia de Madonna dell’Orto en el tranquilo barrio de Canareggio. Pese a lo novedoso de su convulsa pintura, embravecida como el mar según el magnífico prólogo del profesor Francisco Calvo Serraller, que nos introduce en la suculenta historia aludiendo a esa pasión del filósofo existencialista por la rebeldía de Tintoretto; su triunfo se debió a las inquietudes de sus mecenas, alejadas de las tranquilas composiciones tizianescas y gustosos del realismo de Jacopo Robusti detto il Tintoretto, más acorde con la situación de continuas luchas con Oriente en las que estaba inmersa la República Veneciana. No es de extrañar por tanto, que el Cuarto Felipe atesorase entre sus colecciones del Alcázar una mayoría de pintura veneciana heredada del buen gusto de su abuelo Carlos V (recordemos por ejemplo el magnífico lienzo del "Lavatorio de los pies" del Museo del Prado).

La rivalidad entre pintores fue una tónica dominante durante el siglo XVI, sin ir más lejos Tiziano hizo todo lo posible para que Tintoretto cayese en el olvido, nombrando como sucesor a Paolo Caliari conocido como il Veronese, pese a la enorme diferencia de edad de ambos. Sastre relata muy bien estas afrentas, como por ejemplo:

“Cuando nació Jacopo, el viejo (Tiziano) tenía cuarenta y un años, y cuando el joven (Tintoretto) intentó por primera vez afirmarse, setenta y dos. Habría sido el momento de ceder el puesto, habría sido un detalle morirse. ¡Que va! Aquel infatigable monarca reinó veintisiete años más; cuando desapareció, centenario, tuvo la suprema dicha de dejar una Pietá inacabada, como las jóvenes esperanzas sesgadas…”

Para Sartre todo es un decorado, una ciudad fantasmagórica que te atrapa cada vez que vas, por eso concluye con la idea que todas las vivencias allí acaecidas no serán más que un espejismo pertenecientes a esa divina atmósfera enaltecida por el constante rumor del agua de los canales, que atravesados por puentes y góndolas, nos transportan a épocas de dogos, pintores, aventureros o seductores.

14/5/08

ORFEO Y EURÍDICE

Hay muchos mitos dentro de la historia del arte, música o literatura que llaman poderosamente la atención y que son continuamente representados, quizás por la eternidad de sus enseñanzas. Uno de estos es el pasaje de Orfeo, tañedor de lira y cantor ,y su amada Eurídice, que, recogido por Ovidio en sus "Metamorfosis", sigue teniendo su vigencia actual con las representaciones que se llevarán a cabo en el Teatro Real de Madrid durante este mes con el ciclo de operas dedicadas a este tema. La primera será la famosa de Monteverdi, que fue estrenada para una representación privada el 24 de febrero de 1607 en el Palacio Ducal de Mantua y la segunda, la posterior de Gluck, donde destacará la actuación del tenor en alza Juan Diego Flórez, en el papel del poeta que desciende al subsuelo para encontrar nuevamente el amor.


Orfeo pierde a su amada Eurídice y tras bajar al Averno, una especie de infierno, para recuperarla, se le da la posibilidad de hacerlo con la condición de que no la contemple en el camino de vuelta a la Tierra. En medio de un profundo silencio, Orfeo y Eurídice tomaron un escarpado sendero oscuro envuelto de una espesa niebla. No estaban lejos de la superficie de la Tierra, cuando Orfeo, temeroso de perder de nuevo a su amada y deseoso de mirarla, volvió los ojos hacia ella. La ansiedad amorosa provocada por sus sentimientos no le permitió esperar. Inmediatamente, ella resbaló hacia atrás, alargando los brazos en su lucha por agarrarse a Orfeo que no pudo evitar la tragedia.


Orfeo se estremeció por la segunda muerte de Eurídice y sus ruegos para regresar al inframundo fueron en vano. Se sentó siete días en la orilla del río Estigio, abandonando su persona. El amor, el dolor de su corazón por la nueva pérdida y las lágrimas fueron su alimento. Finalmente, Orfeo se retiró a las alturas del monte Ródope y rehuyó todo contacto con las mujeres, porque había sufrido y porque había empeñado su fe en la ferviente recuperación de su amada. Sin embargo, muchas fueron las que anhelaron unirse al poeta y numerosas las doloridas por ser rechazadas. Su fidelidad a Eurídice fue motivo de canto de los poetas e inspiración de los compositores que ensalzaron su figura hasta nuestros días.

La idea que se desprende del mito podría ser la siguiente: mejor vivir intensamente un momento que una eternidad aburrida.



Pieter Paul Rubens: Orfeo y Euridice.


30/4/08

Rolando Villazón

Ayer tuve el inmenso placer de escuchar al tenor mejicano Rolando Villazón, que actuó en el castizo Teatro de la Zarzuela con motivo de los actos del Bicentenario. El espectáculo no defraudo: la opera por lo general esta repleta de personajes idealistas que sacrifican su vida por la libertad de su patria y que están encarnados generalmente por el tenor. Lo que se pretendía en el recital lírico era comparar a estos héroes de la opera o zarzuela con los madrileños de la Guerra de la Independencia, levantados ante el opresor francés.

Comprometido con este homenaje, Rolando Villazón, protegido de Plácido Domingo y uno de los cantantes de opera más aclamados actualmente, sorprendió a los asistentes tanto por la belleza de su voz como de la música a la vez que rompía la leyenda de divo distante y lejano que suele perseguir a los cantantes de este género.

La primera parte del concierto se centró en operas decimonónicas de gran calidad y colorido musical como “L’anima ho stanca” (de Adriana Lecouvreur) de Cilea, donde demostró sus dotes de tenor emocionando en cada uno de sus pasajes donde el italiano antiguo se mezclaba con la música de la orquesta, que premeditaba la tragedia. La opera tiene momentos especiales, te relaja y conmueve. Cerró su intervención con el aria “Cielo e Mar” (de La Gioconda) de Ponchielli, que le sirvió de inspiración para decidirse a ser cantante.

Tras la pausa, Villazón se gustó con el género chico que tanto disfrutaron nuestros abuelos y que tan bien supo transmitirnos nuestro profesor Luis Gracia Iberni: me estoy refiriendo a la Zarzuela. Sus intervenciones aquí fueron sublimes, destacando “Madrileña bonita” (de La del Manojo de Rosas) o “No puede Ser” (de La tabernera del Puerto) deleitando a los presentes que no dejaron de alabarle en todo momento por su bravura, elegancia y carisma.

La sensación de bienestar se apoderó a la vuelta… ¡Gracias Rolando!

9/4/08

El amor según Tiziano


En un cuadro de Tiziano de 1548 que se conserva en el Museo del Prado, titulado “Venus, el amor y la música” y que probablemente fue un regalo de bodas por la alianza que tiene la mujer en uno de sus dedos, se encierran unos significados certeros sobre el amor que vamos a tratar de desvelar.

El amor sacro aparece representado en primer plano: es el de los sentidos, aquel que combina el intercambio de miradas con la música que emana del piano de madera enarbolando al mismo tiempo una sensación de quietud, calma y ansiado deseo dentro de los cauces de la virtud y fidelidad, identificada con el perro acariciado por la Venus.


En segundo plano el amor profano: la lascivia encarnada en ese ciervo que nos presenta a esa pareja del fondo que se agarran sin ningún pudor, exhibiendo un amor muy distinto al que contemplábamos antes. Los significados han cambiado: la mujer desnuda es la que tiene la grazia, la naturalidad, la espontaneidad o cualidad que Baldassare di Castiglione denominó sprezzatura en su imprescindible manual de “El Cortesano”, traducido por Boscán en 1534. Valores completamente opuestos a la vestida que con su indumentaria y gestos nos introduce en el mundo del artificio, distante y esquivo con los sentidos. Todo ello enmarcado en un paisaje con perspectiva tomada de Serlio donde se advierte la presencia del pavo real, que anticipa la fecundidad de la que gozará esa distante pareja que se dirige al infinito del bosque.


Tiziano ya nos mostró en 1514, haciendo un guiño a nuestra logia, este interesante debate sobre el amor en su cuadro de la romana Galeria Borghese “Amor sacro y profano” donde aparecen las figuras con las cualidades descritas anteriormente. No hubo una representación tan fiel de la pureza como en el angelical rostro de la figura desnuda. Contemplen la exultante grazia, la belleza que evocan los sentidos puesta de manifiesto en esta expresión de la cara, reflejo de la virtud o perfección que los griegos llamaban areté. Nadie como el veneciano supo reflejar de tal manera la sprezzatura.

Como hemos comprobado, las dudas sobre el amor como contraposición de vicio y virtud vienen desde el Renacimiento. Ahora os toca elegir a vosotros, logicatorcistas, que sendero queréis tomar antes de montar en la barca de Caronte… ¿sacro o profano?


26/3/08

Velázquez dibujante


Una de las facetas menos conocidas dentro de la historia del arte español es la del dibujo, que fue entendido mucho más como un medio que como un fin por nuestros artistas, que carecían de la destreza de los italianos. Estos últimos entendieron el proceso del dibujo asociado a una actividad manual necesaria para adquirir destreza y como reflejo de una especulación mental que condujese, como en el caso de Leonardo, al conocimiento último de la realidad de la naturaleza o a la formulación de una belleza ideal, deudora de la pureza que tanto anhelamos, obtenida a partir de la realidad y a través de la especulación, como en Rafael o en Miguel Ángel.

Velázquez tuvo que ser un asiduo dibujante aunque sorprende la escasez de obra conservada. Sus biógrafos, como Pacheco, nos hablan de su constante dibujar durante su época juvenil en Sevilla y su esfuerzo a la hora de captar las expresiones cambiantes de los rostros de las pinturas de los grandes maestros del Vaticano durante su primer viaje a Italia en 1630.

También diseñó el techo del Salón de los Espejos con la historia de Pandora, que pintaron Carreño, Miranda, Rizi, Mitelli y Colonna aunque su intervención se centró, según el texto de Palomino en la distribución de los temas. Sus labores se aproximarían en esta época a las propias de un conservador de museos dentro del Alcázar, que tanto echamos en falta a raíz de su desaparición por un fatuo fuego en la Nochebuena de 1734. ¡Lastimosa pérdida!

Los pocos dibujos que se conservan presentan una notable variedad de técnicas y problemas en su atribución. En ellos se percibe la esencia del arte del genial sevillano: el realismo palpitante en los rostros acompañados de cierto aire de serenidad ante la realidad o la maestría a la hora de ejecutar los trazos que crean las sombras, al tiempo que un matiz melancólico inunda sus dibujos magistrales.

Se conservan algunos apuntes ligerísimos para algunas de las figuras de la Rendición de Breda, dos bellísimas cabezas de muchacha a lápiz negro sobre papel amarillento, una supuesta vista de la catedral de Granada que sorprende por lo novedoso del tema, ocultos en la Biblioteca Nacional. Y en la madrileña Academia de San Fernando tenemos ejemplos de majos embozados, que nos recuerdan las escaramuzas cortesanas alatristianas o el retrato del Cardenal Borja, de lápiz negro muy blando.

Conviene precisar la dificultad de ver estos dibujos por lo que hay que aprovechar la celebración de exposiciones relacionadas con este tema que iniciaron los toscanos tiempo ha con su teoría de “il disegno”.

5/3/08

Generaciones olvidadas


Voy a hablar de una generación, olvidada en el tiempo, pero que representó una parte muy importante de la historia de nuestra piel de toro a mediados del siglo XIX. Refierome, sin más preámbulos, a los pintores de historia, que siempre vivieron bajo la crítica y animadversión de historiadores tan prestigiosos como el soriano Gaya Nuño, que consideró esta pintura como “propia de decorados teatrales”, por sus enormes dimensiones.

Fue una época de revisiones a todos los niveles, a su vez que convulsa por los diversos vaivenes políticos que iban sucediéndose. Cuando se logró una cierta estabilidad política con la regente Isabel II se pusieron en marcha las Exposiciones Nacionales, que a semejanza de las parisinas, encumbraron a los más prestigiosos artistas del momento. Una bella iniciativa, que fomentaba la producción artística e inauguraba un nuevo periodo hasta los albores del inicio del siglo XX, y que servía para decorar los nuevos edificios relacionados con el poder y mandato, acorde con el tamaño de los cuadros, como ayuntamientos o palacios como el Senado, Congreso de los Diputados o Consejo de Estado, antiguo palacio de los Duques de Uceda.

La vida de los artistas era pareja, muchos de ellos eran provincianos que buscaron su gloria y fortuna en Madrid. Comenzaban sus estudios de dibujo en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando hasta que esperaban la publicación de oposiciones en diarios de tirada nacional como “La Gaceta” o “El Imparcial”. Del triunfo en estas dependía su marcha a centros extranjeros, como París o Roma, que bullían en tendencias artísticas, y desde donde deberían mandar, los elegidos, algún que otro envío de pensionado, basado en el aprendizaje clásico de las formas y congruentes anatomías. Famosas son las tertulias en el romano Café Greco, cerca de Plaza España, de Casado del Alisal, Gisbert, Pradilla, Rosales…

Y su obra, en una sociedad carente de valores donde uno era incapaz de identificarse ante tan magna revolución de pensamiento, tuvo los cimientos en la revisión de pasajes de grandes figuras históricas como Colón, Carlos V, María de Molina, nuestra legendaria reina castellana con la que se identificaba Isabel II, de hecho en el hemiciclo del Congreso de los Diputados el alcoyano Antonio Gisbert hizo alarde de su ingenio representando la jura de su hijo Fernando IV, en una magnífica composición que vemos en la imagen, que se salvó de los disparos de Tejero, no se puede decir lo mismo de los frescos de la cubierta de Carlos Luís de Ribera.
Y ante este pensamiento revuelto, la proliferación de géneros fue descomunal destacando el retrato con la saga de los Madrazo que recogen la herencia de David e Ingres, el realismo social con Sorolla y cuadros donde denuncia la situación social de trabajadores como en “Aún dicen que el pescado es caro” que todos recordarán por su veracidad, el paisajismo con las vistas de la sierra de Guadarrama o Picos de Europa de Carlos de Haes, el costumbrismo con Valeriano Domínguez Bécquer, que junto a su hermano Gustavo Adolfo, se recorrió los lugares más recónditos de España, uno para pintar la tradición y otro para narrar sus impresiones a base de sus inolvidables leyendas, o el romanticismo con temas novedosos como suicidios en el caso de Leonardo Alenza o interpretaciones goyescas como las de Eugenio Lucas.
Una panoplia de pintores que puebla este siglo y que merece su estudio, sin ningún tipo de discriminación artística, por investigadores neófitos.

12/2/08

óbito


Quisiera recordar al profesor Alvarez Lopera, que nos ha dejado esta semana. La pasión que ponía dando sus clases cuando nos leía cartas de Manet recien llegado a nuestra Villa y Corte, las cuales acompañaba de su cigarrillo con el compás de sus sonoras caladas, será un recuerdo que permanecerá entre todos, creo. La última conferencia que me dió trataba sobre si el Greco y Tintoretto habían coincidido en Venezia, muchos críticos se aventuraron a lanzar esta hipótesis debido a la similitud entre ambos a nivel pictórico, pero él dejo bien claro, no me digais como, que esta opción no se podía barajar. De ahí la grandeza, de explicar el porqué de las cosas, de dar una conferencia magistral dejando boquiabiertos a los que disfrutamos de tal agradable afirmación. Su estela durante la charla fue la de transmitir bien el arte, no dejándose guiar por las normas academicistas que parangonaban al uno con el otro.El cuadro más parecido entre ambos podría ser las versiones de "La expulsión de los mercaderes del templo" del candiota, una de ellas en San Ginés, pero él, magistralmente acabó con este discurso, apoyando su investigación en documentos firmes y afirmaciones que ponían en entredicho a los demás conferenciantes, absortos en sus indagaciones. Este es el recuerdo que me llevo de este gran hombre, admirado por su entrega al Greco o por sus reinterpretaciones del Salón de Reinos del Buen Retiro y al que seguía desde que nos introdujo en el impresionismo, de un modo diferente al establecido, pero más que válido. El concepto de fama renacentista tiene que ser parecido..