Es automático: según habéis leido el título de este post, os ha venido a la cabeza el rostro alegre del Peter Pan dibujado por Disney. ¿O no?
Todos tenemos en la memoria la imagen del Peter Pan cantarín, alegre y despreocupado de la
Disney Factory. Pero basta con leer los tres primeros capítulos del cuento escrito por
James Matthew Barrie para darnos cuenta que, al igual que con
Alicia, la factoría Disney nos ha transmitido unas versiones muy suavizadas de ambos personajes. Dejo de lado el personaje de Alicia, para meterme con el que me interesa en esta ocasión, que no es ni más ni menos que Peter Pan.
"Peter Pan y Wendy" fue publicado unos diez años después de que muriera la
Reina Victoria de Inglaterra, allá por 1911. Narra las aventuras de Wendy y sus hermanos John y Michael, que una noche son transportados por Peter Pan y Campanilla al País de Nunca Jamás. Allí convivirán, por un tiempo no definido, con los Niños Perdidos, los indios... y unos malvados piratas encallados en la costa.
Este cuento, en un principio orientado a un público más infantil que juvenil,
oculta en muchas ocasiones
más de lo que muestra; algo parecido nos pasa con Alicia en el País de las Maravillas, si bien ambos relatos no admiten comparaciones. Simplemente son distintos: el mundo imaginario de Barrie se nos muestra más verosímil que el de Carroll.
El autor, decía, omite muchos aspectos que, en un principio, poco van a interesar a un niño ávido de aventuras contra los indios salvajes o los malvados piratas:
- ¿Por qué Peter se apellida Pan?
- ¿por qué odia tanto a los adultos, y por qué no echa de menos a su madre?
- ¿de dónde salen los Niños Perdidos?
Estas preguntas se las va haciendo el lector mientras va descubriendo los personajes que revolotean entre las líneas del libro, cada uno de ellos con un perfil más patológico, y digno de estudio:
Peter no es alguien tan entrañable como creíamos: es un líder arrogante, con delirios de grandeza, mal educado, desconsiderado, desmemoriado e, incluso, sanguinario: no le tiembla el pulso cuando tiene que apuñalar a los piratas del Capitán Garfio.
...El Capitán Garfio: ¿De dónde viene este capitán de refinados modales y corazón de piedra? ¿Qué hace en el País de Nunca Jamás? ¿Cómo acabó su mano en el estómago del cocodrilo? Son tantas las diferencias de este Capitán con el histrión creado por Disney... ni siquiera su final es el mismo.
Como estamos viendo, Barrie
no sólo oculta cosas, sino que las que muestra son, a veces, desagradables:
celos, envidia, ambición, la muerte... están constantemente presentes en el relato, que no es (ni creo que en su momento lo fuera) precisamente un transmisor de valores para los niños.
El único personaje con un espíritu "puro" es
Wendy, prototipo de lo que por entonces se debía de exigir a una niña: responsable, protectora de sus hermanos pequeños, y deseosa de convertirse en mamá para coser calcetines y preparar las comidas a papá. Mentalidades diferentes... este es el único punto del libro en que nos damos cuenta que el libro fue escrito hace ya un siglo.
No puedo olvidarme de la entrañable
Campanilla,
"...una muchacha (...) primorosamente vestida con una hoja, de corte bajo y cuadrado, a través de la cual se podía ver muy bien su figura. Tenía una ligera tendencia a engordar". Sorprendentemente, este personaje tiene un papel mucho menor del que esperaba; incluso en la película de Disney cobra más protagonismo. A pesar de todo, uno se encariña tanto con ella, que pegaría un bofetón a Peter Pan tras escuchar el desconsiderado comentario que hace de ella al final del libro.

Los temas sobre los que más incide el libro son:
- la necesidad de una mamá de todos los personajes humanos que aparecen en la aventura: desde los Niños Perdidos y Peter Pan, que adoptan a Wendy como madre, al mismísimo Capitán Garfio
- El inexorable paso del tiempo: Wendy vuelve con sus hermanos a Londres, mientras Peter Pan vuelve a su País de Nunca Jamás. Barrie utiliza un bonito pretexto final para mostrarnos la evolución paralela de los dos grandes protagonistas: Mientras Wendy crece, se casa y tiene una niña, Peter sigue igual, con sus dientes de leche, su corta edad, y su espíritu de niño: a Wendy se le olvidó volar, simplemente porque ya no creía.
Hay un relato, escrito por el mismo Barrie, llamado "
Peter Pan en los jardines de Kensington". Desconozco si en ese relato se narra la infancia de Peter. Lo que sí he leido son los seis fantásticos
cómics de Régis Loisel, en los que el autor francés nos plantea una hipótesis, fiel a las pistas proporcionadas por el relato de Barrie, sobre lo que pudo ser la infancia de Peter, por qué adoptó el apellido "Pan", por qué no quiere crecer, y por qué odia a su madre... Todas estas respuestas surgen en un Londres ambientado "
alla Dickens" en el que, de forma tangencial, aparece
Jack el Destripador. Pero esa ya es otra historia.
Queda para otro día, o para otra persona, reflexionar por qué cuentos como Alicia, Peter Pan o El Mago de Oz tienen
una cosa en común: la evasión del protagonista del mundo real para vivir sus aventuras en un
mundo imaginario, en el que
lo onírico se convierte en real. Seguro que hay algún estudio sobre eso, y tiene que ser interesantísimo.
Tengo la sensación de que Freud hubiera disfrutado mucho con este libro.